lunes, 8 de febrero de 2010

MATAGALPINO VIAJERO EN 1893, A PROPÓSITO DEL 148 ANIVERSARIO COMO CIUDAD

Epistolario Ángel Ganivet        
- II -10 Mayo 1893. Otro asunto que me cayó por banda fue una visita a un español, que, procedente del Congo, había ingresado en el Hospital y deseaba antes de morirse hablar con algún semejante que le entendiese. Resultó que el tal individuo no era español, sino nicaragüense, de Matagalpa, aunque en los casos de apuro toda esta tropa llama a Mamá, como si todo eso de las nacionalidades modernas fuera una broma y estuviéramos en el siglo XVIII. Cualquier poeta de segundo orden podía componer un poema con la conversación que me tuvo el desventurado matagalpés; un infeliz que por ser bueno, según me dijo, se había visto burlado por su mujer, a la que tuvo que abandonar con tres chiquitines, y obligado a buscar el pedazo de pan por todo el mundo, dejando un pedazo de pellejo en cada uno de los infinitos Panamás que explotan por todas partes los negreros de la civilización. La última aventura le ha pasado en el Congo, y después de exprimir allá las últimas gotas de sustancia, ha sido remitido para reposición a la metrópoli comercial de Bélgica, a la que llegó atacado por la fiebre amarilla y convertido en esqueleto de ocre. Por cierto que murió a los dos días de llegar, y que ha dado origen a ciertos rumores, pues creía el público que se trataba de un colérico.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada