lunes, 22 de febrero de 2010

MATAGALPA ANTEAYER 1854 VISTA POR UN NORTEAMERICANO

Había llegado la hora al lado del Atlántico; las brumas empujadas por los vientos alisios rozaban sus húmedos pliegues sobre las laderas, dándole vida a la vegetación, y las montañas estaban revestidas de un verdor aterciopelado hasta las cimas coronadas de nubes; los verdes pinos y los robles empujaban sutilmente sus primaverales copas hacia el azul del cielo, y eso cuando acababa de dejar un cuadro donde todo estaba seco y muerto; el contraste era, por lo tanto, mayor, y me oí involuntariamente, exclamando:

“En la tierra bella y fértil del Canán, Donde mis posesiones están”:

Matagalpa yacía ante mí, enclavada entre montañas de esmeraldas, al lado de una dulce corriente, cuyas frescas aguas entonaban un canto alegre a mis oídos, mientras gorgoteaban valle abano para perderse finalmente en el Atlántico.

Habiéndome arrojado al seno de las refrescantes aguas, y buscado un restaurador abrazo, mi espíritu está de nuevo animado, a medida que recorría sus verdes riberas hacia Matagalpa, un antiguo poblado minero, que daba evidentes muestras de decadencia como cualquier lugar del Estado.  La iglesia tenía su campana rajada, la vieja rueda hidráulica estaba destartalada, los habitantes no eran más enérgicos que los que había encontrado en otra parte, y los antiguos cruces de calles, claramente decían que su gloria había pasado, para nunca ser mejorada por la raza mestiza que la poseía.

George H. Bowly, 1854. Publicado por Eddy Khul en su libro Matagalpa Histórica. Leslie´s Illustrated News Paper, San Francisco California, tomado del libro titulado: “The War in Nicaragua, as Reported by Frank Leslie¨s 855-1877”.

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