domingo, 27 de marzo de 2022

Leoncio Sáenz Artista Plástico Matagalpa

Fuente: Pintura Contemporánea de Nicaragua UNAP 1985

Leoncio Sáenz nació el 13 de Enero de 1935 en Paxila o Palsila en la ciudad de Matagalpa, sus estudios artísticos los realizo en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Managua Nicaragua siendo discípulo del Mtro. Rodrigo Peñalba, dominando técnica de óleo sobre papel y madera, tinta, bolígrafo, murales y escultura.

Se dice que descubrió que quería ser pintor cuando de pequeño veía las ilustraciones en los libros. Cuando Leoncio tenía 13 años, el obispo local tomó nota de sus habilidades artísticas y organizó su estudio en la escuela secundaria San Luis Gonzaga en Matagalpa. Seis años después, en 1954, Sáenz se mudó a Managua gracias a la beca que recibió por ganar el Premio Nacional de Bellas Artes. Comenzó como pintor primitivista, pero luego desarrolló su propio estilo: mitos nicaragüenses precolombinos y coloniales que le dio prestigio internacional.

En los años 60’s, fue miembro fundador del grupo Praxis junto con Alejandro Aróstegui, Tata Vanegas, Genero Lugo, César Izquierdo, Luis Urbina, Arnoldo Guillén y Orlando Sobalvarro, de la Unión Nicaragüense de Artistas Plásticos “Leonel Vanegas” (UNAP), de la ASTC y de la Asociación Nicaragüense de Artistas Visuales. En 1963 representó a Nicaragua junto con Armando Morales en la exposición de Madrid «Arte de España y América». Se dedicó profesionalmente por treinta años a las artes plásticas.

A comienzo de 1960, participó en varias exposiciones internacionales. Fue director de la Escuela de Bellas Artes de Nicaragua. Dentro de sus destacadas obras están: “La anunciación a la Virgen”, “Génesis”, “La última cena”, “La crucifixión”, “Resurrección y conversión” de San Pablo.

En los años 70, Sáenz creó una serie de murales en edificios de la ciudad de Managua. Responsable de los murales más grandes de Nicaragua (de 30 metros de largo), dio vida al Tiangüe, o mercado indígena, en las paredes de un supermercado en la Plaza de España. Este es ampliamente considerado su mejor y más importante trabajo.

Fuente: https://www.ecured.cu/Leoncio_Sa%C3%A9nz

Tocó diversas temáticas, desde obras que representan las raíces de su gente, obras testimoniales de resistencia a la conquista española, hasta temas sociales, folclóricos y religiosos. Pintó ciento de cuadros al óleo y muchos murales en edificios, su estilo de pintura se reconoce al instante, por su originalidad.

Realizo exposiciones en Nicaragua, Guatemala, México, Estados Unidos, España, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Costa Rica, Perú, Brasil, Cuba, Unión Soviética y Bulgaria.

“El Tigre de Pacsila”, como le gustaba que le llamasen, y a menudo llamado el «Padre del dibujo» de Nicaragua, fue merecedor de varios premios en los que destaca la “Orden Rubén Darío” en 1988. En el 2007 fue nominado por la comisión nicaragüense de la UNESCO para el proyecto de declaratoria como Tesoro Humano Vivo.

Otras distinciones fueron:

1981, Certamen Nacional de Artes Plásticas, Premio en Pintura, Managua Nicaragua.

1983, Certamen Nacional de Artes Plásticas Luchamos por la Paz y la Soberanía, Premio en Dibujo, Managua Nicaragua.

1984, Simposio de Pintura en Bovenzi, Primer Premio en Pintura, Gabrovo Bulgaria.

Uno de sus alumnos y compañeros de trabajo lo describe así:

Describir a Leoncio es un trabajo muy grande y profundo, es remontarnos a nuestras raíces indígenas. Nacido en Matagalpa, en Palsila en 1935, recuerdo que nos decía “que era uno de los últimos Chorotegas que aún vivía”. Uno de sus sueños que tenía era hacer un museo y retirarse a vivir en ese lugar donde nació. Nos invitó a que le acompañáramos. Oírle hablar con ese entusiasmo era “ver todo lo que imaginaba”. Recuerdo a Leoncio caminando por las calles de Managua con su bolso, su cintillo en la frente y muy elegante con su guayabera blanca y su pluma, con su cintillo en su cabeza, con su pelo largo, de caminar rápido y hablar fuerte y claro.

Uno de sus murales está ubicado en la Escuela Nacional de Danza y conocemos que se trabajó con 2 técnicas antiguas como el esgrafiado realizado al fresco. Pero cuando la restauraron lo pintaron con acrílico, dañando irreparablemente la originalidad de la obra. A pesar de esto al menos sabemos que con la próxima ampliación de la pista no será afectado.

Fuente: Uriel Ramón Cardoza Sánchez
Fuente: https://www.gallerybarcelona.com/leoncio-saenz/


Falleció el 8 de Julio del 2008 en su ciudad natal en Matagalpa.

Referencias:

Pintura Contemporánea de Nicaragua, Unión Nacional de Artistas Plásticos UNAP, Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura ASTC. Editorial Nueva Nicaragua, Ediciones Monimbo, Managua, Nicaragua Libre CIRCA 1985

http://www.artstudiomagazine.com/artes.../leoncio-saenz.html

https://www.gallerybarcelona.com/leoncio-saenz/

https://www.ecured.cu/Leoncio_Sa%C3%A9nz

http://archivo.elnuevodiario.com.ni/nuevo-amanecer/308497-maestro-leoncio-saenz/

https://youtu.be/1ZzwZrNw3EQ  

https://youtu.be/b1TVtXbIa38 


jueves, 23 de diciembre de 2021

Nuestras historias: las carreras de cinta.

Nos cuenta Don Alberto Vogl Baldizon en la página No. 53 de su libro Nicaragua con amor y humor (Primera Edición 1977) que “antes, cuando se iba a celebrar una fiesta regional, se elegía a la reina de la fiesta; pero, no la nombraban peritos encargados por el comité organizador de la fiesta, sino de una manera acorde con las viejas costumbres de la caballería. Se hacía llamamiento a los jóvenes que fueran a pedir a la dueña de sus sueños que bordara en una cinta su nombre, la que portaría el día de la carrera.

En una boca-calle se armaba un gran podio con su palco, donde se sentaban todas las bellas luciendo su cinta en el pecho. En el centro se dejaba un trono vacante donde yacía la corona y la cinta que la reina recibiría. Al frente del palco se tendía una cuerda a bastante altura, de la cual pendían anillos amarrados con cintillos que llevaban el nombre de una candidata. Los varones en trajes típicos de montar, sobre briosos corceles, sacaban de una canastilla el número del turno en que les tocaría correr. Pasaban a galope tendido debajo de la lienza con las anillas, tratando de ensartar con un palito, una argolla, y si lo lograban se apeaban del caballo e iban al palco a arrodillarse frente a la dama cuyo nombre aparecía en el cintillo, para recibir la cinta que a la bella le cruzaba por el pecho. No era fácil enganchar un anillo con el corto palito y más de uno pasaba en blanco. Otros más dichosos, o más hábiles, se sacaban varias y el que ganaba más cintas era proclamado Rey y tenía derecho de elegir a la reina, a quien llevaba hasta el trono y le colocaba la corona y la cinta para que recibiera el homenaje de sus súbditos.”

¡¡¡Doña Blinia Barillas (QePd) nos confirma que “Así mismo era!!! También las había con los caballeros corriendo en bicicletas y otras, jocosas, en caballos de palo (palos de escoba). Las disfruté en vivo y a todo color, en la década 60-70; gratos recuerdos!!!”

Doña Blinia también comento que “en el período 60-75 (más o menos), las carreras de cinta tuvieron mucho auge en nuestra ciudad y tuve la oportunidad de participar en algunas. Es una actividad recreativa muy emocionante, alegre, divertida y que deja bonitos recuerdos. Pero para mayor información, pregúntele a su primo “el Chele Sánchez” que, ¡¡en esa dorada época era “el tipurinazo” y casi siempre el Rey de las carreras de cinta en que participaba!!

Amigos y amigas Matagalpas confirman haber participado alguna vez en estas carreras, entre otros Alba Brewer, Guillermo Castillo López y Mercedes Rios Leclair que nos cuenta “Yo recuerdo que mis hermanas mayores participaban además era una cultura y todo un arreglo de conocer los países del mundo porque cada participante representaba un país. Y se hacía cada banda que representaban y cada argolla tenía que tener el símbolo del país.”

¡¡¡Igualmente, Don Luis Muñoz nos comparte que “Aun pude ver algunas carreras de cinta en lo que fue la calle del Mercado viejo !!!” 

En foto cortesía Anita Wells-Ortega de las Carreras de cinta en 192X podemos disfrutar la belleza y elegancia de las damas de la época como Anita Moller, Pastora Rizo sentadas a la izquierda. Dona Nelly Zeledón dice “Bellos tiempos, tenían una belleza natural, sin rebuscamientos, verdaderas Reinas.”

Doña Emperatriz Pérez Diaz comenta sobre esta preciosa fotografía “1920 una época de mucha elegancia y del buen gusto al vestir, se han fijado que las medias de las damitas, son de algodón, todavía no había las de nylon, antes de estas, allá por los 50 fueron de seda, recuerdo que a mi madre se la remendaban unas señoritas de aquella época de apellido Malespín, si es que mi mente no se equivoca. Y también se puede apreciar su maquillar, en esa época usaban polvos y de sombra para los ojos, se van a reír, era hollín, les quedaba los ojos bellamente dramáticos, era ese maquillar en blanco y negro, y para los labios, pétalos de rosas, lo mismo para sus mejías. ¡Que lindas!”

También nos comparte “es que las carreras de Cintas fueron entre los 40 hasta los 60, después cambiaron, con la llegada del Club de Leones y el Club de Rotarios, esto es más o menos una historia no exacta, que se pierde entre las neblinas, pero por ahí vamos.”

Don Eddy Kuhl nos compartió esta foto con Don Edita Haslam, Reyna de las Carreras de Cintas en 1962, en el mismo año que fue elegida "Reina del Centenario" de nuestra ciudad. Don Eddy anda con traje de montar, porque inmediatamente después de la carrera de cintas hacían un baile informal. En la noche en el Club Social había otro baile, ya de leva, esta fiesta la pagaba el papá de la Reyna y dice jocosamente que se tuvo que "bolsear" Don Jimmy Haslam Macy para agasajar a los invitados a esta histórica fiesta de hace ya casi sesenta años.

Concluimos esta nota de apuntes históricos sobre las carreras de cintas en Matagalpa con esta foto de Doña Laura Estela Leclair donde ella y otras Damas Matagalpa posan en una carrera de cintas en los sesentas, frente a nuestra hermosa Cátedral vemos sentadas a las señoras: Gloria Oliu, Margot Zapata y Mercy Mairena, de pie Laura Estela Leclair. 



Nota elaborada a partir de publicacion realizada hace 10 años extraida del libro Nicaragua con amor y humor de Alberto Vogl Baldizon, fotos compartidas por Anita Wells, Eddy Kuhl y Laura Estela Leclair y los diversos comentarios recibidos, en particular de Blinnia Barillas (QePd), Emperatriz Perez Diaz entre otros miembros de nuestra comunidad de facebook MatagalpAndandoAyeryHoy. 


domingo, 28 de noviembre de 2021

Incendios y Bomberos de Matagalpa

En nuestra historia y cultura Matagalpa tenemos mucho que escribir para rememorar lo que nuestros antepasados hicieron para contribuir al desarrollo de nuestra ciudad. En este sentido hablar de desastres en nuestra Perla tenemos muchas historias por conocer y compartir, como por ejemplo un incendio sucedido al final de la década de los veinte del Siglo XX. Doña Anita Wells de en su página Esta Otra Jinotega nos compartió algunas fotos de dicho incendio del año 1927 que atribuimos originalmente al edificio de la Alcaldía de entonces pero el amigo Eddy Khul nos corrigió posteriormente que realmente había sido la Tienda de Charles Potter la que se había incendiado.

Recientemente Alex Incer nos compartió fotos de ese hecho con algunas descripciones de lo que se vivió “el incendio ha tomado posesión completamente y el humo que lo cubre es a causa de ciertos aceites. En este momento todo el mundo Matagalpa está lleno de pánico. El aspecto es horroroso. Así como se agolpa en este punto el pueblo, así están llenas todas las calles de gente. De gente curiosa. La casa ya está en suelo. El pueblo ahora se ocupa en escarbar y buscar algo que le sea útil para… Ahora nadie se ocupa de apagar el fuego, excepciones.

Esta descripción de este incendio en 1927 nos permite introducir el tema a desarrollar en esta nota referida al Benemérito Cuerpo de Bomberos de Matagalpa que casi cuatro décadas después se documenta su creación y encontramos algunas cuantas fotos de los actores principales de este histórica organización cuya historia debemos documentar y divulgar, antes que algunos de sus fundadores y antiguos miembros nos dejen físicamente.

De acuerdo al texto del pie de foto del libro ´´Historia de los Bomberos de Nicaragua´´ de Salvador Gallo, publicada por el mismo en el grupo Fotos Históricas de Nicaragua, el Cuerpo de Bomberos de Matagalpa fue creado por el Decreto No. 564 del 25 de mayo de 1965, en el año LXVIII en Managua D. N. el Acta Constitutiva y los Estatutos del Cuerpo de Bomberos de Matagalpa fue publicada en la Gaceta No. 176, del martes 4 de agosto de 1964.

Según Gallo, el día 24 de Septiembre de cada año se considerará como el día de la fundación del Cuerpo de Bomberos de Matagalpa, en honor de su Patrona la Virgen de Mercedes, firmaron el acta los directivos fundadores Heliodoro Montes González, Orlando Ruiz Román, Virgilio J. Altamirano, Ramón Méndez Tijerino, Julio Morales Orúe, Juan José Gutiérrez, Víctor Mixter Sánchez, Juan Alberto Rodríguez, Armando Zapata L, Juan Agustín Rodríguez, Vicente Herrera Z, Armando Paguaga, Camilo Rosales, Lucas Vílchez, Agustín Matus Zeledón, Alfonso Jirón Poveda, Rodolfo Arce Asencio, Alfredo López, Guillermo Gómez, Eugenio Rivera Meléndez, Alejandro González R,  Guillermo Bolt, Wilfredo Mierisch y Alberto Arce.


Luis Muñoz Cortedano (Vecino en su niñez del Benemérito Cuerpo de Bomberos) recuerda que cuando llevaron este camión de bomberos a Matagalpa, lo hicieron por la noche, ya que el camión no estaba en condiciones aceptables para enseñarlo al pueblo de Matagalpa. Paso un buen tiempo en restauración y reparación hasta que lo pudieron exhibir en las calles de Matagalpa.


En esta foto de la Junta Directiva del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Matagalpa en septiembre de 1964, aparecen sus fundadores, sentados de izquierda a derecha Dr. Ramón Méndez T. Capitán Medico, Dr. Heliodoro Montes G. Comandante, Julio Morales O. Sub Comandante, Víctor Mixter S. Capitán Secretario. De pie de izquierda a derecha Armando Zapata L. Capitán Tesorero, Alejandro González Capitán Vocal, Juan A. Rodríguez Capitán Fiscal, Orlando Ruiz R. Capitán Vocal, Solón Vidaurre R. Capitán Mecánico, Agustín Matus Z. Capitán Vocal y Jaime Corriols Capitán Vocal. No aparecen los Capitanes Virgilio J. Altamirano y Eugenio Rivera M. por no formar parte de la Junta Directiva.

Se encuentra una diferencia amplia de número entre los miembros fundadores del acta constitutiva referida por Salvador Gallo en la foto de su libro que ya no aparecen como miembros de la Junta Directiva en la foto encontrada en internet de 1964, además, se integran los señores Solón Vidaurre y Jaime Corriols, además se hace referencia en esta foto de que Virgilio J. Altamirano y Eugenio Rivera M. no aparecen por no ser parte de la Junta Directiva. Queda por saber si los otros miembros fundadores que no aparecen en esta foto continuaron siendo parte de la organización. 

En foto cortesía del señor Heliodoro José Montes, entre otros aparece Don Norman Amort Jefe Político de Matagalpa, entregando el acuerdo de la introducción libre de impuestos del Carro Bomba marca Chevrolet 1938 donado por la ciudad de Wisconsin un 24 de Septiembre de 1965, exactamente enfrente de la Catedral de Matagalpa. Julio Cesar Palma Flores indica que también aparece Don Julio Morales, Dr. Heliodoro Montes y atrás la Joven Lumbí.


En esta otra foto cortesía del señor Heliodoro José Montes vemos a miembros de la Junta Directiva del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Matagalpa desfilando con el entonces alcalde de la ciudad Don Amado Leyton, le acompañan el Dr. Heliodoro Montes, Sr. Víctor Mixter, Sr. Horacio Madrigal, Sr. Juan Rodríguez y Armando Zapata. Atrás el Sr. Somarriba y el Sr. Horacio Madrigal, pasando frente al Colegio San Luis. Completamos la información de los actores de esta foto gracias a la colaboración de Frank Morazán y Julio Cesar Palma Vásquez. 


Junta Directiva Benemérito Cuerpo de Bomberos de Matagalpa posiblemente en 1964, encerrado en el ovalo Don Solón Vidaurre recientemente fallecido antes de cumplir sus 100 años. Foto cortesía del amigo Norman Vidaurre quien nos comenta que esta foto es recién adquirido en donación el local  de los bomberos donde antes funcionaba el Club de los Extranjeros, lugar  que era de su tío abuelo  Guillermo Delaney.  Esa cisterna  es la Wisconsin  primera máquina apagafuegos de la estación de bomberos. Su padre Don Solón, la gestionó y la fue a traer personalmente a Corinto.  Lo acompañó para ayudarle a conducir  don Tico Molina, que aparece precisamente al volante de la unidad.

Esta historia continuara…















sábado, 13 de febrero de 2021

¡Vida, para que fuera eterna! Pedro J. Solís Matus –Abogado y Notario

La celebración del 1er. Centenario de la fecha en que Matagalpa fue elevada a Ciudad ha sido tal vez la fiesta más fabulosa de toda la historia de nuestra provinciana y festiva ciudad. Fueron días muy alegres, con derroche de música, ornamentaciones en las calles y júbilo de la gente. Las vías estaban tapizadas de papelillos que recibían gentiles el paso de los matagalpinos, y los festones de los más diversos colores se entrelazaban de casa a casa sobre las calles. La ciudad estaba radiante y el viento esparcía sus aires festivos y las puertas, ventanas y aleros de las casas estaban adornadas con la Bandera azul y blanco. Hasta la fachada de la Iglesia Catedral, siempre tan seria y solemne, dejaba su gravedad a un lado y mostraba a la ciudadanía y a sus feligreses su rostro más festivo con sus paredes recién pintadas, con el tañido de las campanas y la sonadera de las enormes matracas en su torre norte. Para esa efeméride los organizadores de las celebraciones no escatimaron dinero, tiempo, ni esfuerzos para convertir el aniversario de esta humilde villa, que, aunque ya cargaba sobre sus espaldas nada menos que un centenar de años, apenas empezaba a ingresar al reducido y selecto círculo de las ciudades modernas, al estilo de Nicaragua se entiende. Esto era, aumentar y mejorar el antiquísimo alumbrado público, dotar a la población de una fuente de agua potable que sustituyera el agua con sedimento que bebíamos sacándola de las “pajas” (grifos) y de acuerdo a la economía o costumbres de cada quien se almacenaban en tinajas de barro o en unos hermosos filtros blancos de porcelana con su llavecita para servir el agua, o también pavimentar las calles, o hacer más habitables los alrededores de la ciudad circundada por potreros repletos de garrapatas, caca de animales, malezas espesas que se mecían cuando el viento soplaba y cerros escarpados que impedían a los pobladores diseminarse por esos rumbos para construir sus viviendas. Corría el mes de febrero del año 1962 y como Alcalde presidía Paco Aráuz, pues así a secas lo llamaba la población. El ambiente era apoteósico y no creo que haya habido un sólo infante o adulto de esa época que no haya vibrado al ser partícipe de una de las fiestas más deslumbrantes y divertidas en su nativa y querida ciudad. Me atrevo a afirmar que si no todos, por lo menos la inmensa mayoría de los matagalpas y sus vecindades, disfrutamos las festividades sin distingos de ningún tipo, con exclusión de colores políticos o de extracción social, tomando los acontecimientos como todavía en esos días se tomaban el mundo y las cosas, es decir, como venían dados, sin mayores complicaciones. Así que a esa corta edad de 9 años, me imagino que los niños nos limitamos a disfrutar la algarabía y jubilosos acontecimientos que gratuitamente desfilaban ante nuestros ojos y además, a los matagalpas, según parece, nos encantaba – y nos encanta - el jolgorio, y más si el guaro y la chicha bruja corrían a raudales, como sucedió en esos días, en que más de algún parroquiano habrá pensado: ¡Vida, para que fuera eterna!.. Las amenas fiestas en fin, se prolongaron por 7 largos, interminables y deliciosos días como nunca se habían dado, ni jamás se repetirán en nuestra acogedora y en aquellos años fresca ciudad. Hubo fiestas toda la semana por las noches, con acreditadas orquestas y cantantes nacionales e internacionales a cuya cabeza figuraba la afamada Jazz Matagalpa, nuestra imponente orquesta local integrada por voces bien armonizadas, y trompetistas y flautistas tan consagrados como cualquier estrella de los tinglados internacionales. De las dos calles del centro, una se cerró para albergar el entarimado de las orquestas. Hubo sol en la ciudad, pero también hubo sol en el ánimo de los vecinos. Se abrieron las puertas de las casas, pero también se abrieron las puertas de los corazones. Algunos negocios a partir de las tardes hacían a un lado sus utilerías y abrían espacio para que la gente entrara a sentarse y bailar, pues las orquestas se diseminaron del Parque Morazán hasta el Parque Laborío, cuadra por cuadra.
Ahí, a mis nueve años, jaloneado por mi madre, di tímidamente mi primer baile, donde estaba la Funeraria la Católica, frente donde fue la agencia de La Nica, una línea aérea de ese tiempo que en mi niñez pensaba era de un señor bajito, calvo, que se asomaba a la puerta del negocio, con las manos por detrás, (bien amable y amistoso era el señor), y se ponía a acomodar de vez en cuando unos sacos tejidos con hilo rojo conteniendo cebollas de las amarillas y algunas veces le echaba un ojo bien serio a Chico Pancho Barberena, un músico popular, inofensivo, loco, medio ciego y pordiosero que se la pasaba sentado en la acera tocando su armónica y bailándole a todo el que pasaba a su lado. Ahí, enfrente en la Funeraria, el dueño Mito Ramírez, ya entradas las tardes empujaba los ataúdes al fondo de la sala y los amigos y gente cercana iniciaban el baile desde que sonaba la música. Estaría prohibido enfermarse o morirse en esos días, pues, ¿Qué médico, que funerario atendería a los enfermos y a los muertos si todo mundo andaba de parranda y nadando en la festividad y la alegría? ¡Hasta las terribles e imprevisibles parcas se habrán recetado un descanso en esas fechas ¡ Y las fiestas tuvieron su dúo de Reinas del Centenario, Edda Haslam (Eddita Haslam le decían), y la Reina Alejandra I, Desfilando en sus carrozas, cuando las esperábamos en la esquina frente al Teatro Perla, donde el Chinito Wong, vi pasar una rubia bonita, de ojos azules claros que sonreía a todo el mundo, en una carroza con orlas doradas, sentada en su trono apoyado en un inmenso espaldar. Y Alejandra I, típica campesina quien vestía un sencillo traje blanco de manta, blusa y falda hasta los tobillos con sus marcadas facciones indígenas como de cera, con una piel de intenso oscuro curtido por el sol y me pareció una mujer seria, imperturbable. Cuando ya no iba en su carroza se veía lo bajita que era, al caminar ágilmente en dirección al Común, una construcción semi derruida, de barro y caña fístula, en los alrededores del Parque Laborío, donde los indígenas se reunían cuando bajaban a las celebraciones, vistiendo sus camisas de manta, calzando unos caites rústicos hechos de una pieza de cuero o caucho, suela de llanta, se les decía, y sujetas por una correa de cuero.
Hubo exquisitez en esas fiestas y abundancia y variedad de diversiones, a diferencia de los relajos que se armaban en las fiestas patronales anuales en que abundaban los chinamos, el guaro y las sangrientas corridas de toros. No faltaron las carreras de cintas, los sorprendentes carros chocones que visitaban la ciudad por primera vez, los tiovivos, la gigantesca rueda Chicago (o Chicao como decimos), y los tiovivos o caballitos con su música quejumbrosa y nostálgica. Y el algodón de azúcar, rosado, dulce, esponjoso, suculento y que se veía tan grande para la boca de un niño, pero que terminaba disolviéndose con facilidad en ella. Los lupanares, que en esa época pululaban por toda la ciudad, pues los había hasta en el mero centro de la creciente villa, rebosaban de lúbricos parroquianos, borrachos pleitistas, y escandalosas y joviales mancebas que desde la calle se veía cómo se colgaban de los hombros de los visitantes al lado de la barra donde servían el guaro. En la Feria, que también se organizó, se exhibieron productos de nuestra incipiente industria moderna como las famosas candelas Llanes, que las había de todos los tamaños y algunas tan grandes como un niño pequeño. El Palacio Episcopal, frente a Catedral, abrió sus puertas de par en par para albergar un museo que hinchado y ufano exhibía la breve historia de nuestra entrañable, hospitalaria, amorosa y pequeña ciudad, sin faltar una nutrida galería de fotografías del pueblo, el quehacer cultural de sus artesanos, y los sonetos de los poetas cantando nuestras maravillas naturales y los pintores con sus pinturas alusivas a las celebraciones o pinturas bucólicas descansando en sus caballetes o colgando de las paredes. Y el gentío al igual que lo hacía en las calles cuando pasaban los desfiles de las dignísimas autoridades del pueblo y de la Nación, o para ver desfilar a las reinas o en las corridas de toros y las fiestas, se agolpaban y desbordaban en enormes tumultos y carreras.
En el segundo piso del Palacio Episcopal se mostraban nuestros infaltables trajes folklóricos y artesanías tendidas en el piso de madera o exhibiéndose en las paredes. La gente subía jadeante para ganar el mejor lugar, trepando unas escaleras de madera, sosteniéndose de los pasamanos que al igual que el piso de madera parecían a punto de derrumbarse de tanto peso y gente aglomerada. Ya estando arriba, el gentío se arremolinó y decían: ¡ Ahí viene, ahí viene ya ¡.¡Tocálo, tocálo!.Yo pensé que es que venía algún Santo en procesión cuando vi aquél remolino de gente que amenazaba con aplastarnos, pero el que entraba, seguido de una multitud, era un hombre gordo, de aspecto bonachón, literalmente enfundado en un “saco” o traje entero, formal, color blanco-crema, demasiado holgado para su figura rolliza, pues las mangas le llegaban casi a los nudillos. ¿Y quién es, abuelita? y mi abuela paterna que era la que me jalaba para todos lados! Es Luis Somoza, hijo, el Presidente ¡(Yo me sorprendí de aquél alboroto que se armó con la llegada de aquel señor, pues en esa época no entendía nada del sofoque de aquella gente sólo porque llegaba un hombre igual que ellos. (Ahora, en estos años, a mi edad, ya entiendo la cosa un poquito más cuando veo a la gente adulta sentada, formalita, moviendo el pescuezo en todo momento, como asintiéndolo todo, sonriendo sumisamente, aplaudiendo hasta el paroxismo, o que se desborda detrás de la persona que en su momento ocupa el mismo cargo de Luis Somoza). Ya al regresar a casa y como la otra cara de las fiestas, en una de las barandas de lo que era el Club de los Extranjeros, una mujer joven, guapa, con los brazos en jarras, le reclama muy molesta a un hombre muy parecido a Johnny Weissmuller, y quien apenas la escucha pues estaba a punto de caerse por el licor. De ahí en los siguientes días y a la vuelta del aburrimiento, sólo restó recordar nostálgico los jubilosos días recién pasados, días que creo nunca jamás se volverán a disfrutar en Matagalpa. Publicado en la Revista Vox Pópuli No. 71 del mes de Enero de 2010

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